Cuando la Desesperación Nos Visita
- Ana Ricci

- 15 jun 2025
- 3 Min. de lectura
Hay momentos en los que todo parece desbordarse. El pecho se cierra, la mente corre sin freno, y el mundo se siente demasiado. La desesperación llega sin pedir permiso: una llamada que no esperábamos, una noticia que sacude, o simplemente un cansancio acumulado que ya no sabemos cómo sostener.
Pero incluso en medio del caos, hay un centro silencioso que espera ser recordado. Volver a ese centro no siempre es fácil, pero es posible. En este artículo quiero compartirte algunas herramientas que pueden acompañarte en esos momentos de tormenta: flores de Bach, meditación y aromaterapia. Todas ellas, cuando se usan con conciencia, pueden ser puentes hacia la calma interior.

El primer paso: detenernos
Antes de aplicar cualquier técnica, lo más importante es permitirnos sentir. No pelear con la emoción, no taparla, no juzgarla. La desesperación también tiene un mensaje, una dirección que intenta mostrar. Tomar una pausa, aunque sea de un minuto, para reconocer: “Esto es lo que estoy sintiendo” ya es un acto de amor hacia mi misma.
Las flores de Bach: un abrazo vibracional
Las esencias florales actúan de forma sutil, pero profunda. Algunas que recomiendo especialmente en momentos de desesperación son:
Rescue Remedy (o Fórmula de Rescate): una combinación de cinco flores que actúan como una asistencia inmediata. Puede ayudarte a calmar una crisis emocional en pocos minutos.
Sweet Chestnut: para cuando sentimos una angustia profunda, como si hubiéramos llegado al límite.
Cherry Plum: si sientes miedo de perder el control, de hacer o decir algo impulsivo.
Aspen: para cuando hay ansiedad sin causa aparente, una inquietud difusa que no se puede nombrar.
Estas flores no eliminan la emoción, pero nos permiten vivirla sin ser arrasados por ella. Es como si devolvieran el alma a su eje.
La meditación: volver al cuerpo, volver al presente
En medio del desborde, sentarnos a meditar puede parecer imposible. Pero no necesitas una postura perfecta ni una hora de silencio. Bastan unos minutos de respiración consciente.
Una práctica simple que puedes probar:
Cierra los ojos.
Lleva tu atención al aire que entra y sale por tu nariz.
Si surgen pensamientos, simplemente reconócelos y vuelve a la respiración.
Puedes repetir internamente: “Inhalo calma. Exhalo tensión.”
Cinco minutos pueden marcar la diferencia. Lo importante es la intención: volver a ti.
Aromaterapia: el poder de lo invisible
Los aromas actúan directamente sobre el sistema límbico, el centro emocional del cerebro. Algunas esencias que recomiendo:
Lavanda: calma, relaja y ayuda a dormir. Ideal en momentos de ansiedad o insomnio.
Naranja dulce: eleva el ánimo, da calidez y dulzura emocional.
Incienso (Frankincienso): ayuda a centrarse, ideal para meditar o cuando necesitamos reconectar con algo más grande.
Bergamota: equilibra las emociones, especialmente útil si hay tristeza o irritabilidad.
Podés usar estas esencias en un difusor, o colocar una gota en las muñecas e inhalar profundamente.
Ninguna técnica es mágica. Pero cuando se combinan con presencia, con escucha interna, pueden ser faros. No estás sola. Todos, en algún momento, atravesamos la oscuridad. Lo importante es recordar que también hay caminos de regreso, y que cada vez que elegimos cuidarnos —aunque sea con un pequeño gesto— estamos eligiendo la vida.
Si sentís que estás atravesando un momento así, te invito a probar alguna de estas herramientas, o a escribirme. A veces, el primer paso hacia la calma es simplemente saber que alguien está ahí.


