De la meditación al gesto vivo
- Ana Ricci

- 11 may 2025
- 2 Min. de lectura
Cuando el alma habita el instante
Durante siglos, la palabra meditación ha sido asociada a la quietud, al recogimiento, al silencio profundo.
Viene del latín meditari, que significaba reflexionar, prepararse interiormente, y también —curiosamente— se relaciona con mederi: curar.
Por eso meditar, en su raíz más pura, no era simplemente “sentarse en silencio”, sino preparar el alma, sanar la mirada, refinar la presencia.
Meditación era medicina. Y no del cuerpo, sino del ser.
Pero el mundo cambió. Hoy, muchas veces, lo que nos impide meditar no es la falta de deseo, sino la creencia de que debemos detenerlo todo para hacerlo. Como si para volver al alma necesitáramos aislarla del mundo.

🌱 ¿Y si el verdadero arte fuera meditar sin detener la vida?
No siempre tenemos tiempo, espacio o silencio. Pero tenemos momentos.
Instantes invisibles que pueden volverse sagrados, si los habitamos con presencia.
👉 Cuando me visto con lentitud y siento mi piel…
👉 Cuando lavo una taza y observo cómo corre el agua…
👉 Cuando camino sin auriculares, solo escuchando mis pasos y el viento…
Eso también puede ser meditar. Eso es transformar la meditación en un gesto vivo.
✨ De la técnica al estado.
De la práctica al arte de estar. No se trata de abandonar la meditación tradicional. Se trata de expandirla. De devolverle su raíz de “cura del alma” y vestirla con ropas nuevas: las del cotidiano, las del ahora, las del cuerpo despierto.
Podríamos decir que ya no buscamos meditar como disciplina. Buscamos vivir en estado meditativo. No para “hacerlo bien”, sino para SER desde otro lugar.
💛 La meditación como gesto vivo
Podemos llamar “meditación” al sentarnos a respirar en silencio. Pero también podemos sentir que meditamos al:
Acariciar con atención
Mirar sin apuro
Escuchar sin interrumpir
Respirar antes de responder
Agradecer sin palabras
Cada gesto, si nace desde el alma, es presencia. Y toda presencia es medicina.
🌿 Una nueva forma de nombrarla
Por eso, tal vez ha llegado el momento de crear un nuevo lenguaje para este estar despierto.
Un nombre que no excluya lo antiguo, pero que le dé lugar a lo cotidiano.
Una palabra que no diga solo “meditar”, sino también: vivir siendo, sentir el instante, habitar el ahora.
Una palabra que sea presencia encarnada.
Una palabra que seas vos, en estado de alma viva.


