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El Silencio, la Amistad

hace 3 horas
2 min de lectura

Hay personas que están cerca y, sin embargo, nunca terminamos de encontrarnos.

Hay otras a las que podemos pasar meses sin ver, pero basta una conversación para sentir que algo esencial vive intacto.

Quizás la verdadera amistad tenga menos que ver con la frecuencia y mucho más con la presencia.

Un amigo no es solamente quien comparte nuestros momentos felices. Es también quien sabe quedarse cuando no tenemos demasiado para ofrecer. Cuando estamos confundidos, cansados, tristes o simplemente distintos de quienes éramos antes.

Hay una forma muy profunda de amistad que consiste en no querer corregir al otro.

Escuchar sin apresurarse a dar una respuesta. No minimizar un dolor porque desde afuera parece pequeño. No llenar inmediatamente los silencios. Poder sentarnos, metafóricamente o de verdad, juntos y acompañar aquello que todavía no tiene palabras.

La empatía quizá sea justamente eso: hacer por un momento un poco de espacio dentro de nosotros para intentar comprender cómo se ve el mundo desde el lugar del otro.

Los verdaderos amigos no siempre sabemos qué decir.


También sabemos alegrarnos de la alegría del otro sin compararla con la propia.


Tal vez por eso, con ciertos amigos podemos descansar.

No necesitamos explicar demasiado, impresionar, demostrar ni defendernos. Podemos hablar durante horas o compartir un silencio. Podemos estar fuertes o vulnerables. Podemos ser, por un rato, exactamente quienes somos.

Y en un mundo donde tantas veces sentimos que debemos hacer algo para merecer nuestro lugar, encontrar a alguien frente a quien simplemente podemos estar es una de las formas más hermosas del afecto.

Quizás un verdadero amigo sea, finalmente, alguien cuya presencia nos recuerda que no estamos solos. Y que no hace falta decir demasiado ...


 
 
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